Resulta ser que uno bebe demasiado sin proponérselo y esto tiene como inmediata consecuencia una borrachera no deseada. Aquí nos referiremos a aquella borrachera que es resultado de un previo deseo de emborracharse.
Existen diferentes razones por las cuales surge el deseo de emborracharse. No nos interesa juzgar la validez de tales razones, sino más bien exponer la practicidad o no que puedan tener para el fin al que se quiere llegar.
A ) Una razón muy recurrente es la de querer olvidar. Esta razón tiene como base primera el amor (contrariado, infiel, etcétera; para más ejemplos oiganse tangos). Dos apreciaciones existen acerca de la practicidad de emborracharse por esta razón: I) olvidar es algo que puede hacerse aún sin quererlo; por otro lado, aquí nos limitaremos al deseo de emborracharse, no al de olvidar (para métodos más o menos afortunados en este afán consúltese material relacionado con viajes, homicidios, suicidios; para éstos últimos oigánse también tangos); II) el éxito en emborracharse para olvidar se torna absolutamente sin sentido con la vuelta al estado de sobriedad (en el que, casi siempre, se vuelve a recordar).
B ) Otra razón para emborracharse es la de querer tomar coraje, puesto que nadie ignora el poder desinhibidor de la bebida. Querer ser portador de este atributo probablemente forme parte de un plan propagandístico prolongado a lo largo de la historia, del cual existe abundante literatura (batallas napoleónicas, por ejemplo). Apreciaciones: I) el coraje que nos puede dar la bebida no será empleado en ningún tipo de batallas. Existen casos en que se pretende demostrar tal atributo en situaciones de reyertas, cuyo posible y triste desenlace es dicho coraje yaciendo en el piso junto a nosotros o acompañandonos en una fugaz huida del enemigo. II) se pretende tomar coraje, recurrentemente, para, lo que se dice, encarar (avanzar, chamullar, levantar). Contra las posibles esperanzas de los más tímidos, debemos aceptar que este tipo de prácticas conviene llevarlas a cabo sin haberse emborrachado ya que, una vez pasada la borrachera, podría ocurrir lo contrario a la razón A, viéndose inútil borrachera y levante (olvido de nombre, de número telefónico, etcétera); situación prácticamente imposible de solucionar. III) sentirse con coraje, cuando es en demasía, puede no ser producto de la borrachera, sino simplemente de locura (veáse el caso del "valiente" de La Mancha).
C ) Finalmente, otra de las razones es querer divertirse. El sustento de esta razón lo puede dar sentirse aburrido o triste. Este es un fin que estadísticamente se cumple en la mayoría de los casos; no obstante, es necesario señalar que el sustento mencionado puede ser contraproducente ya que, una vez embriagados, o I) el aburrimiento que estuvo oculto hasta hacernos creer que había desaparecido por completo puede resurgir en forma de somnolencia, con lo que nos quedaríamos dormidos, o II) la tristeza que estuvo oculta hasta hacernos creer que había desaparecido por completo puede resurgir en forma de llanto, con lo que volvería la misma tristeza, incluso agravada.
Una posible conclusión de todo lo dicho es que querer emborracharse tiene mucho de querer recordar, de permitirse el miedo, de afrontar la tristeza, puesto que en cuestión de horas, la gran mayoría de las veces, no hay olvido, ni coraje, ni diversión; sólo un malestar llamado resaca, que se apacigua ingiriendo un uvasal.
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A qué viene esto, ni la más pálida idea.