lunes, 25 de febrero de 2008

22

No iba a hacer "nada", y terminé prolongando el festejo hasta el domingo.
Faltó gente (no sobró birra), fue todo muy improvisado y, por lo mismo, lindo y divertido.
Se sintieron ausencias, pero también el afecto de estar en contacto con los que quiero y siempre están y estarán, sin duda.
Cosas a destacar:

* Mi mamá y su afán incansable por hacerme felíz, aunque me falten 5 pa'l peso (y lograrlo sólo en el intento)
* Santino y sus besos y abrazos en mi cama, recién despierta
* El mensaje de mi primo que, a la distancia, logra que la evocación de recuerdos que no tengo me hagan moquear, y esa mezcla rara que tengo de putearlo y adorarlo internamente
* Que entre las noches del jueves y el viernes llegué a olvidarme que era mi "cumpleaños" y todo se me tornó un festejo por los afectos.
* El remate, domingo a la tarde.


Por casi 3 días, sólo fui feliz. Tanto que mi documento debería constatar que Felíz, entre el jueves y el domingo, cumplió 22.

Cadena

Volvía con él a casa en micro y durante el viaje tuve que detenerme varias veces a mirar por la ventanilla, para saber por qué parte del trayecto iba, como perdida en el camino y hallada en él.
Me transformó el viaje monótono en un momento singular: tanto que entre emociones y alguna risita descuidada que se me escapaba, tuve que contenerme varias veces para que no se me escape un lea esto, señora, mire qué maravilla hacia mi desconocida compañera de asiento. Ubicación, sería tal vez la palabra que me frena con un esfuerzo sobrenatural. Hoy me pasó lo mismo, sólo que el compañero de asiento se las rebuscaba para mirar disimuladamente, aunque lo más probable es que no haya visto nada.
El consuelo que me queda por la "ubicación" de la que se peca teniendo cosas como esa entre las manos es cerrar el libro unos minutos antes de bajarme del micro, para que la señora o el chico descubran por dónde era que andaba el tiempo que no estaba al lado suyo, y tengan a su vez la posibilidad de sacar el boleto de ese viaje por su cuenta.

Gracias a Zimbon lei La función del Arte y me llevé el libro de su casa y en el micro tal vez alguien me vio embobada y vio la tapa del libro y tal vez lo está leyendo ahora mientras yo comento y muestro a todo el mundo que gracias a Zimbon lei La función del Arte y me llevé el libro de su casa...


El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano

jueves, 14 de febrero de 2008

Para los que se bajonean en este tipo de días

La internes tiene algo que decirles:


Palabras clave* a tener en cuenta:
-amigos
-expresan
-cariño



*Nota: no se incluyó "amor" puesto que particularmente hoy carece del sentido que quiero darle y está llena del sentido que intento omitir. Nótese que el párrafo citado no específica cuáles son esos "algunos países", ni cuales son los unos o los otros. De este modo Argentina cuadra perfectamente en el que celebra el Día del Amor y la Amistad.

Listo. Problema solucionado. A otra cosa papillón.

Me voy a festejar nuestro día, mates de por medio con Flor :)


Carinaaa...

El lunes fue el cumple número 21 de Carolina (formalmente), Cari (para la familia), Caro (para los amigos), Carinaaaaaaaaaaaa (para las bobas), y para mí que estoy incluida en todos esos ámbitos sirve cualquiera de estas opciones.

Nos reunimos en su casa a la nochecita (como siempre mi hermana, su creatura y yo, un poco impuntuales pero menos que de costumbre; hemos tenido retrasos de horas) para compartir mates (que gustosa acepto cualquiera sea la hora y circunstancia), luego comer unos riquísimos fatay hechos, creo, por todo aquel que preguntase si se necesitaba ayuda en la cocina. Cerveza y muchas risas fue lo que no pudo faltar como en todo festejo en casa de Caro.
La cosa se dio por finalizada tempranito porque el martes se trabajaba y/o estudiaba (mi caso) temprano. El sábado viene el auténtico festejo que, a propósito veníamos organizando creo que desde febrero de 2006. Obviamente nada de lo organizado tendrá lugar porque nos caracterizamos por organizar y luego dejar las cosas libradas a la espontaneidad, lo cual siempre es lo mejor porque termina siendo la mejor fiesta, mejor organizada (shhhhhhhh) y más divertida...al menos para los que se acuerdan o ven sus caras en las fotos.
Caro es un persona muy especial para mí, más que mi prima es una gran amiga con la que comparto muchas cosas, más allá de los gustos (el de frutilla NO NOS VA, ok?). Además se caracteriza por ser una persona con un gran sentido del humor, que sabe reírse de sí misma y hacer reír murchísimo a los demás.
Su rutina implica una serie de frases que hemos acordado en anotar ya que merecen quedar registradas por los siglos de los siglos para las generaciones venideras (?); acá les dejo dos de dadivosa que soy nomás.


"...y hacía tanto calor que me puse la remera tipo toples..." (no será tipo "top"???...no te veo onda nudista!!)
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Caro: ...re- cereal !!
yo: qué cosa?

caro: el asesino...

(se viene martes 13 auspiciada por Kellog's !!)
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Sobre todo, te quiero Carinaaaaa !!!!!!!
Felíz cumplesaños..(prometo para el sábado no hacer que se brinde por mí :)

miércoles, 13 de febrero de 2008

Neruda

No recuerdo exactamente cuando comenzó mi relación con Neruda. Creo que nadie lo recordaría en estos tiempos en los que demás está decir que la influencia de Neruda se ve en todos lados. En mi caso no recuerdo cuando fue que comencé a leerlo, pero sí recuerdo un momento en que aquello de la causalidad mágica que, según mi teoría ya esbozada en otra entrada, tiene el Libro, apareció indesligablemente de la mano del autor.
Una persona muy especial, de esas que contribuyen a su modo a marcar un período en la vida de uno, se apareció con Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Yo ya estaba yéndome, conteniendo lágrimas, a punto de quebrarme pero, evidentemente, persona y libro me buscaban. Agradecí el regalo y salí corriendo (sí, corriendo).
Sucedía que quería huir de un amor que no llegaba a ser poema, de una canción desesperada que no iba a escuchar nadie. Pero comenzaba a calmar a mis piernas sin dejar de aferrarme al libro, que lloré y lloró conmigo, e hicimos de mi amor (que no era) un poema, y de la canción la más desesperada, y todo se tornó delicisiosamente doloroso como, en mi opinión, deben sentirse los amores no correspondidos.

Particularmente De Bolsillo tiene unas muy buenas ediciones de la obra nerudiana que incluyen muy buenos prólogos y notas muy interesantes (todo "muy"...reiterativo). El libro que mencioné era de esta editorial. Me gustaría comprarme los que me faltan, pero no le voy a quitar al destino la diversión de hacerme correr huyendo, o quien sabe qué otra cosa.

-10-
Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Pablo Neruda,
Veinte Poemas de amor y una canción desesperada.

lunes, 11 de febrero de 2008

El Navegante

Comencé las vacaciones leyendo lo primero que encontré arriba de la mesa (en la que siempre se encuentra cualquier cosa que a uno se le ocurra), El Código Da Vinci (que al menos en esta entrada no merecerá ninguna atención especial). Finalizada la lectura de este último, me puse a revolver la biblioteca y encontré, por fin y con predisposición de mi parte para leerlo, El Navegante de Morris West; un libro que mi vieja me venía recomendando hace años y nunca me digné a leer. Antes de hacerlo, volví a interrogar a mi mamá acerca de qué fue lo que produjo en ella. Me habló acerca de una magnífica pluma, con descripciones de paisajes paradisíacos y hasta lágrimas provocadas por ciertos pasajes.
Existía la isla, y la sensación de que me había perdido durante mucho tiempo del poder disfrutar de la forma de escribir de este autor del cual nunca había leído nada.
Siempre que termino un libro siento como que me despido de un buen amigo del cual me separo durante mucho tiempo. Porque por más de que lo pueda volver a leer en cualquier momento, seguramente cambiará mi perspectiva, y me va a hacer pasar por nuevas sensaciones. También tengo la certeza de que gran parte de la magia del libro, cualquiera que sea, se debe a la causalidad de su llegada en ese preciso momento y lugar, y a la enseñanza que me deja, por mínima que sea, justo cuando andaba buscando una respuesta a alguna pregunta que incluso el mismo libro me revela.
En particular El Navegante llegó a mi vida justo cuando quería un buen descanso, cuando tenía muchas ganas de perderme en alguna isla desierta. Y durante algunos días viví con aquellos que llegaron a la isla, y me perdí en ese paraíso, pero también me las ví con el peligro de dejar todo atrás y tener que pensar en como afrontar las novedades, los peligros que implica aceptar un cambio de vida. Cuando lo terminé me despedí como de ese amigo que vino después de navegar por lugares paradisíacos y que ahora se va por un tiempo, después de haberme venido a visitar para darme esa paz que necesitaba. Y como buen amigo, él se había dado cuenta.