Volvía con él a casa en micro y durante el viaje tuve que detenerme varias veces a mirar por la ventanilla, para saber por qué parte del trayecto iba, como perdida en el camino y hallada en él.
Me transformó el viaje monótono en un momento singular: tanto que entre emociones y alguna risita descuidada que se me escapaba, tuve que contenerme varias veces para que no se me escape un lea esto, señora, mire qué maravilla hacia mi desconocida compañera de asiento. Ubicación, sería tal vez la palabra que me frena con un esfuerzo sobrenatural. Hoy me pasó lo mismo, sólo que el compañero de asiento se las rebuscaba para mirar disimuladamente, aunque lo más probable es que no haya visto nada.
El consuelo que me queda por la "ubicación" de la que se peca teniendo cosas como esa entre las manos es cerrar el libro unos minutos antes de bajarme del micro, para que la señora o el chico descubran por dónde era que andaba el tiempo que no estaba al lado suyo, y tengan a su vez la posibilidad de sacar el boleto de ese viaje por su cuenta.
Gracias a Zimbon lei La función del Arte y me llevé el libro de su casa y en el micro tal vez alguien me vio embobada y vio la tapa del libro y tal vez lo está leyendo ahora mientras yo comento y muestro a todo el mundo que gracias a Zimbon lei La función del Arte y me llevé el libro de su casa...
El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano
1 comentario:
Y Zimbon recién dos meses después se digna a aparecer y agradece este post!
Es un libro para tener de cabecera, para leer en esos días en los que uno se complica la vida con pelotudeces... no hay duda!
Besos!
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