pos en los que demás está decir que la influencia de Neruda se ve en todos lados. En mi caso no recuerdo cuando fue que comencé a leerlo, pero sí recuerdo un momento en que aquello de la causalidad mágica que, según mi teoría ya esbozada en otra entrada, tiene el Libro, apareció indesligablemente de la mano del autor. Una persona muy especial, de esas que contribuyen a su modo a marcar un período en la vida de uno, se apareció con Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Yo ya estaba yéndome, conteniendo lágrimas, a punto de quebrarme pero, evidentemente, persona y libro me buscaban. Agradecí el regalo y salí corriendo (sí, corriendo).
Sucedía que quería huir de un amor que no llegaba a ser poema, de una canción desesperada que no iba a escuchar nadie. Pero comenzaba a calmar a mis piernas sin dejar de aferrarme al libro, que lloré y lloró conmigo, e hicimos de mi amor (que no era) un poema, y de la canción la más desesperada, y todo se tornó delicisiosamente doloroso como, en mi opinión, deben sentirse los amores no correspondidos.
Particularmente De Bolsillo tiene unas muy buenas ediciones de la obra nerudiana que incluyen muy buenos prólogos y notas muy interesantes (todo "muy"...reiterativo). El libro que mencioné era de esta editorial. Me gustaría comprarme los que me faltan, pero no le voy a quitar al destino la diversión de hacerme correr huyendo, o quien sabe qué otra cosa.
-10-
Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
Pablo Neruda,
Veinte Poemas de amor y una canción desesperada.

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